La vida te puede cambiar en un segundo… Eso, por desgracia, lo sé muy bien.
Pero mi post de hoy no va a ser reflejo de una experiencia personal, sino que voy a comentar algo que he vivido este fin de semana.
Estaba yo en Sevilla, con mi pareja, sus hijos y el mío. Estábamos alojados en el hotel donde se concentran los jugadores del Sevilla cuando tienen partido, ya que está al lado del Sánchez Pizjuán.
Como el tiempo no nos acompañó el sábado, no pudimos ir a la playa; Sevilla y Cádiz estaban en alerta naranja por las lluvias y el viento.
Nuestros hijos estaban encantados, porque decidieron transformar la jornada playera en jornada futbolera: iban a perseguir a los jugadores del Sevilla para que les dieran autógrafos y se hicieran fotos con ellos.
Desde la una de la tarde estaban apostados en la puerta del hotel, ya que nos habían dicho que llegaban a esa hora. El primero que apareció fue Antonio Puerta, que venía del Corte Inglés (está enfrente del hotel).
Mi hijo se acercó rápidamente a pedirle un autógrafo (madridista convencido pero ilusionado con ver a estos futbolistas de cerca, aunque hicieran papilla el otro día al equipo blanco) y él, muy amable, se lo firmó y les cogió a los tres para hacerse una foto.
Así siguieron durante todo el día, detrás de los jugadores, todos ellos muy comprensivos; no sé si les faltó alguno para hacerse la foto, pero todos los demás ya están guardados para el recuerdo.
Y llegó la hora de salir del hotel para ir a jugar: eran las ocho de la tarde. Se había formado un paseíllo desde los ascensores hasta el autobús que esperaba fuera para llevarles al estadio. La enorme afición que hay en Sevilla por este equipo estaba más que representada en el hotel.
Empezaron a salir los jugadores del los ascensores y todavía tuvieron la santa paciencia de dejar que les hicieran fotos. Uno de ellos era Antonio Puerta, y el hijo mayor de mi pareja le dio una palmada y le dijo: “Suerte, Puerta, buen partido”.
Setenta y dos horas más tarde de pedirle mi hijo el autógrafo está muerto.
Yo no soy futbolera: sólo soy fan de mi hijo en sus competiciones, de España cuando tercia o del Madrid cuando le apetece jugar bien, algo inusual en los últimos tiempos. Pero estoy afectada por la cercanía que hemos tenido con este chico y sus compañeros este fin de semana y porque tenía 22 años, un hijo en camino y toda la vida por delante.
También pienso en sus padres, que estarán hechos polvo, y eso lo sé yo muy bien. Todo mi ánimo para ellos.
Y para él, Antonio Puerta, toda la suerte del mundo allí arriba.
miércoles, 29 de agosto de 2007
miércoles, 15 de agosto de 2007
Miedo
Os dejo esta joya de Carver.
MIEDO
Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso.
MIEDO
Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso.
lunes, 6 de agosto de 2007
Malos rollos, no, gracias
Creo que, hoy, no escribiré nada más. Con esto es suficiente. Por lo menos para mí.
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