viernes, 27 de julio de 2007

Regusto amargo

Hoy no estoy muy católica. He tenido un sueño raro, en el que mi hombre me ponía los cuernos. No veía a la elegida, pero sí sus botes de maquillaje metidos en sobres(???), debajo de unos libros(?????) que estaban encima de una mesa, a mi alcance…
Y, cuando volvía a casa, le preguntaba si había tenido un rollo con alguien y me decía con la cara de no-he-roto-un-plato que no, y yo veía la misma cara de siempre, la que yo creía que era sincera, sin pestañear, nada que me pudiese hacer sospechar… Entonces, me daba cuenta de que me había engañado siempre, que no podía confiar en él… Y en ese momento me he despertado, cuando estaba a punto de hacer las maletas después de haberle sacado la piel a tiras.
Por eso hoy me cae mal, bueno, me cae fatal.
Hoy no me vale lo de: «Existes. Creo en ti. Eres. Me basta». Maravillosa poesía de Ángel González.
Hoy me caes mal. Fatal. Era todo tan real… Mierda.

miércoles, 11 de julio de 2007

El torturador colegiado

El respaldo del sillón baja lentamente mientras miro, con miedo, la bandeja llena de instrumentos de tortura que tengo enfrente de mí.
El dentista se pone una mascarilla y se sienta a mi derecha. La auxiliar, por la izquierda, me pone una especie de babero níveo y me da una orden: «Abre la boca» e, inmediatamente, me introduce un tubo que luego me deja la lengua como un estropajo, porque me absorbe toda la saliva que soy capaz de segregar.
«La boca grande, grande», repite como una musiquilla machacona el dentista. Y de repente aparece en su mano una jeringa con anestesia y me pincha a traición en la encía. Yo abro todo lo que puedo mientras, de manera involuntaria, voy moviendo la cabeza hacia la izquierda alejándome del de la mascarilla que ya me la había jugado.
Él me agarra la frente y me detiene: «Grande, grande, gira hacia mí», me dice mientras rota mi cabeza y acerca la otra mano que sujeta un artilugio que vibra acabado en un pincho amenazador. Ruummm, ruummm... taladra el de la mascarilla mi muela y, de rebote, mi cerebro.
Se me hacen interminables los veinte minutos que paso con la boca abierta mientras el de la mascarilla hurga en la intimidad de mi boca, con el aspirador de saliva hincándose en mi mucosa, el babero manchado de los restos que va esparciendo mi torturador con su taladro...
Por fin acaba. Se quita su escudo facial y me dedica una sonrisa de no-es-para-tanto, a lo que yo le respondo con otra parecida de que-te-crees-tú-eso.
Pago a la que me mete el tubo y me da órdenes y salgo por la puerta deseando que pasen unos cuantos lustros antes de volver.

sábado, 7 de julio de 2007

El incombustible

Anoche encendí la tele cuando llegué y me puse a hacer zapping. Y me encontré con el incombustible Georgie Dann (este tío o ha hecho un pacto con el diablo o le han cobrado mucha pasta por mantenerle como si no hubiera pasado el tiempo, o casi).
La verdad es que me quedé viendo la entrevista porque me resultó curioso que, un año más (según decía el presentador), volviera a ser la canción del verano. Un tío que lleva la pera de años haciendo algo que provoca la envidia —no sé si sana— de casi todos: una canción al año y a vivir.
Pero lo que más me gustó fue el título de la obra maestra: Mecagüentó, porque la canción en sí no va a estar entre mis preferidas, desde luego. Pero el título… oye, que me gusta, y pienso utilizar el “palabro” cuando se me antoje, y creo que va a ser a menudo porque… ¡hay tantas veces que mecagüentó!

martes, 3 de julio de 2007

Las rebajas

Hoy voy a tocar un tema que está de rabiosa actualidad: las rebajas.

Lo reconozco: me gustan las rebajas. Pero, sobre todo, me divierte revolver en los cajones como si estuviera buscando un tesoro y me lo fuera a encontrar ahí, esperándome (algo que rara vez ocurre…). Ya sé que hay rebajas estupendas, de marcas estupendas, con unos estupendos precios... Que también me gustan, claro, por supuesto, me encantan. Pero, a mí, lo que me priva es revolver. Me da igual de qué estén llenos los cajones: zapatos, ropa interior, camisetas, bolsos horribles que no miraría si estuvieran en las estanterías, pero que tienen su gracia porque están tirados de cualquier manera, con un cartelito arriba de lo más sugestivo diciéndote a qué miserable precio se venden... ¿Quién sabe si debajo de uno de polipiel, imitando a no se sabe qué animal, vas a encontrar la maravilla del siglo?

Otra cosa que me divierte muchísimo es mosquear a otra cliente potencial. Por ejemplo, vas al departamento de ropa interior y te diriges a los cajones, por supuesto. Empiezas a revolver y coges un suje al azar, que no pinta mal; entonces te das cuenta de que a otra señora le gusta el suje que has cogido porque se pone a buscar frenéticamente a tu lado mientras te mira con el rabillo del ojo, por si lo sueltas. Tiene la esperanza de encontrar otro igual, pero… ¡mala suerte!, es el último. Entonces lo miras, lo remiras, lo comparas con otro que hay al lado como si lo fueras a dejar de nuevo en el cajón y mientras, con disimulo, observas de reojo para ver si sigue interesada: sí, ahí sigue, esperando, se nota porque coge con desgana la ropa y la mira sin entusiasmo... Está esperando a que lo sueltes y, probablemente, no se lo llevará tampoco, pero es que uno encuentra tan apetecible lo que le gusta al de al lado…

Lo reconozco: me gustan las rebajas. Pero, si algún día quitan los cajones para revolver, ya no será lo mismo. Ya no podré ir en busca del tesoro escondido ni podré fastidiar a la que tengo al lado. No quiero que mi entretenimiento cambie. Reivindico las rebajas de mercadillo que compiten con las rebajas guay de marcas guay. Y somos muchos los que pensamos así…

domingo, 1 de julio de 2007

Un más que honroso quinto puesto

Bueno, esto ha llegado a su fin.
Ayer jugaron los dos partidos para la clasificación final y los ganaron, por lo tanto quedaron en quinto lugar. Y hoy les han dado su copa correspondiente, que aquí todos ganan.
Lo importante de todo esto es la convivencia que han tenido con sus compañeros y con el resto de los equipos, que han jugado al fútbol, que es el deporte que les gusta, que han estado en un hotel estupendo sin la mirada de águila de sus padres... vamos, que se lo han pasado de muerte.
Ya sé que estos post son un poco coñazo para extraños (a lo mejor también para propios), pero es de lo que me apetecía hablar en estos días, por lo tanto ahí han quedado.
Por cierto, mientras escribo estas líneas tengo enfrente un mar... que pa'qué os voy a contar...